Íbamos a cambiar el mundo y nos encontramos con un montón de cosas pequeñas que hacer que dudamos hayamos contribuido a ello. Pero si no ha sido así, al menos, hemos facilitado que un grupo de adolescentes de la isla de La Palma, haya convivido durante tres días en el monte. Lo cual no es lo más común, en nuestra sociedad.

Quizás nos hayamos equivocado al planificar el encuentro (X de la Red Canaria de Escuelas Solidarias en La Palma). Quizás no nos dimos cuenta que cambiar el mundo, no es solamente cambiar el actual orden económico injusto, sino ser capaz de relacionarnos con quién no conocemos, ponernos de acuerdo para servir el desayuno al resto de los compañerxs, recoger (de buena) gana las mesas y secar la loza, ducharnos con rapidez para que le sobre agua caliente al compañerx y ser capaces de tocar la guitarra delante de 70 personas, que nos juzgarán con dureza.

Quizás no cambiamos el mundo (pues las 23 guerras que había a finales de enero continúan), pero lo que es seguro es que nosotros sí hemos cambiado. Y ese es el primer paso para cambiar el resto de la Sociedad. Como se afirmaba en la película que vimos: “cada corazón es una célula revolucionaria”

Ahora viene lo más difícil. La vuelta a la vida cotidiana. No porque sea difícil en sí (de hecho la vida en nuestras casas, es más cómoda que en el Riachuelo con 6ºC durante la noche), sino porque se acaba el encanto de la convivencia, de la novedad, de la sencillez (pues los desayunos consistían en pan con jamón y queso y leche) y del calor humano.

Quizás quede fuera de nuestro alcance cambiar el mundo nosotros solos. Es posible que sea algo demasiado complejo. Pero lo que es seguro es que hemos experimentado otra forma de relacionarnos, de convivir (colaborando) y de vivir (con pocas cosas). La vida continua, el mundo será un lugar (cada vez) menos humano, pero tenemos en nuestras manos las herramientas para hacer de él, un lugar apto para la vida, y no sólo para el comercio.

Gracias a todxs por el enorme trabajo para que este encuentro saliera adelante (Eduardo, Bea, Laurence, Antonio, Natalia, Silvia, Pepe, Alicia, Oti, Rosalía, y tantos más que desconozco), porque he encontrado en cada uno una piedra preciosa que ennoblece la vida y dignifica el mundo.barlovento

Saúl López Pérez.

En Barlovento a 7 de febrero de 2015

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