Lanzamos la voz de alerta: si no actuamos con urgencia, podemos enfrentarnos a otra hambruna en África. Sería la segunda declarada en el siglo XXI y afectaría a más de 15 millones de personas. Aún estamos a tiempo de evitarlo.

Las lecciones aprendidas de situaciones similares nos demuestran es necesario actuar de manera rápida y coordinada para salvar vidas. “Se trata de actuar ante la crisis alimentaria. Es más fácil prevenir la malnutrición que curar una hambruna”, así ha declarado Abdou Ramatou, miembro de la Red de organizaciones Campesinas y Productores Agrícolas de África Occidental. Baka Hassane, de la Red de Organizaciones de Agricultores y Pastores en el Sahel, ha sido muy claro: “no se puede evitar la sequía, pero sí la hambruna”.

Madrid, 13 de abril de 2012.

En un encuentro entre ONG en la zona del Sahel y periodistas, se han demandado actuaciones rápidas, coordinadas y efectivas y que además contemplen medidas que hagan frente a las causas estructurales que generan este tipo de crisis humanitarias en la región. No podemos caer en los mismos errores que caímos en el Cuerno de África, donde sonaron las alarmas, pero no actuamos a tiempo.

Más de 15 millones de personas se enfrentan a una gravísima crisis alimentaria que puede empeorar en el mes de junio por la escasez de lluvias. Más de un millón de niños y niñas padecen desnutrición severa y los precios de los alimentos llegan a ser entre un 60 y un 80% más altos que en los últimos cinco años.

La ONU estima que se necesitan 724 millones de dólares para hacer frente a las necesidades actuales, una cantidad que podría aumentar a medida que avance la crisis. Aunque algunos países ya han destinados algunos fondos (entre ellos, la Unión Europea) aún se necesita más de la mitad de la ayuda solicitada.

Los factores que han provocado esta situación son, por una parte, coyunturales como la sequía, reducción de las cosechas en un 25%, el incremento de los precios y los conflictos regionales, como el de Mali, pero también estructurales como la pobreza endémica, y la alta vulnerabilidad de algunos colectivos -mujeres, pequeños agricultores, ganaderos…-de las zonas afectadas.

Ante la gravedad de la situación, España, en su función de liderazgo de los donantes de la política agrícola regional de la Comunidad Económica de los Estados del África del Oeste (CEDEAO), tiene una responsabilidad especial en apoyar a los Gobiernos de la región para responder a esta situación. Es necesario que se fortalezca el trabajo que se realiza con los países de la zona con el fin de garantizar la seguridad alimentaria de las poblaciones; además, la reducción del riesgo de desastres y la prevención de crisis alimentarias deben ser cuestiones centrales en las líneas de actuación que se establezcan para los próximos años en la región. [ + información]

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