El Aaiún (Territorios Ocupados), 28/10/2010 (SPS).- Dada su importancia reproducimos el mensaje de una mujer saharaui valiente desde el campamento de Gdaym Izik cerca de El Aaiún, capital ocupada del Sáhara Occidental (http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=2167).

A continuación el mensaje:

“Se inició este campamento el 9 de octubre. Tras dos intentos fallidos en que las jaimas fueron arrasadas por la policía, las personas, apaleadas y 3 detenidas de las cuales todavía hoy queda una en prisión, se montó este campamento por la noche, a escondidas, con más de 100 tiendas y unas 800 personas. En la actualidad hay cerca de 8.000 jaimas. Hay que calcular que en cada una conviven unas 5 personas. El campamento crece y crece. Constantemente se ve cómo se va extendiendo al ritmo de unas 500 jaimas diarias.

La zona está rodeada: un primer cerco del Ejército, detrás otro de la Gendarmería, y, por fin, la Policía. En determinados tramos, he visto los vehículos del Ejército a 50 metros de nosotros. Están construyendo un muro con una zanja detrás, para impedir el paso de los jeeps que llegan con gente y provisiones. Hoy por hoy, el viaje al campamento tiene que eludir a las fuerzas de seguridad. De lo contrario, unos camiones grandes del ejército arremeten contra los jeeps y la gente que hay dentro. A los coches, y a las jaimas que transportan, los llevan al desguace; a las personas, si no han quedado ya lesionadas por el choque, las apalean. Unos siguen, andando; otros van al hospital, donde son rechazados por haber sido agredidos por las fuerzas del orden; otros vuelven a su casa. Otra modalidad de ataque por el Ejército son las pedradas. Hay muchos heridos por cristales. Un helicóptero sobrevuela el campamento de día y de noche. Se convierte en un ruido familiar. Dicen que se acerca tanto a ras de suelo que se le ve grabando a la gente de las jaimas. Se dice por aquí que luego todos pasarán por el Juzgado acusados de traficar con drogas o con inmigrantes, o de robar, como pasa siempre.

El día 21, el Gobierno les llamó a negociar. Inicialmente los saharauis querían hacerlo en su terreno, pero acabaron cediendo y fueron a negociar a El Aaiún. Fue en balde. Lo que sí sucedió es que al día siguiente, cuando los mismos negociadores saharauis se acercaron al Ejército para que no embistiese a los coches saharauis, fueron apaleados y heridos
.
La forma de acceder a los campamentos es arriesgada. 1. Porque te juegas la agresión del ejercito o de otras fuerzas. 2. Porque, para evitar los controles y la persecución de la policía, se sale de la ciudad a una velocidad endiablada, se cruza por el desierto con tumbos, giros, sin luces.

En una ocasión, pararon a dos jeeps con agua y les hicieron vaciar las garrafas, so pena de tirotearles.

Hay problemas de abastecimiento. A veces llega algo de comida por donantes saharauis algo más afortunados económicamente, que no necesitan figurar. Están organizados. Cada uno ofrece lo que sabe hacer y se lo comunica a un comité. Hay una cola para recoger agua, muy racionada. Hay diferentes equipos de trabajo. Hay un cuartito que hace las veces de clínica, que necesita de todo. No hay electricidad, y poquísima cobertura.

Este movimiento es popular, espontáneo. No hay detrás cabezas pensantes. Sólo responde a la exasperación. Aquí se respira un ambiente de libertad y de preocupación. Sienten que están construyendo su mundo, libre por fin, al precio que sea. Ya no pueden más. No pueden soportar el expolio de sus recursos naturales mientras se ven sumidos en la pobreza, el paro, la tortura, la falta de derechos. No pueden esperar a la diplomacia. Cada día se hace más imperativo su derecho. “Un país nuevo”. Tienen la sensación de que en cualquier momento “puede pasar algo terrible”, pero siguen creciendo. Quieren resistir.

Necesitan a la opinión pública, que los periodistas del mundo entero vengan aquí, vean con sus propios ojos la serenidad de este pueblo, la justicia de lo que piden, sus valores, su valor. Que vean el hostigamiento de Policía y Ejército, que vean los heridos.

Estamos hablando de horas. Cuando el Ejército termine el muro que está construyendo delante de nuestras narices, se acabó todo. Quedaremos sitiados y no podremos entrar ni salir, ni recibir alimentos, medicinas o agua.

No importa lo hecho hasta ahora. Las resoluciones del Consejo de Seguridad, con el mezquino veto de Francia, que antepone sus intereses económicos a los derechos humanos de los que se pavonea. No importa que las Naciones Unidas apliquen el capítulo VI en lugar del VII, permitiendo el mantenimiento de una invasión. No importa que las Naciones Unidas hayan consentido que los colonos marroquíes hayan dejado a los saharauis en una pequeña minoría, incumpliendo el mandato de la IV Convención de Ginebra. No importa que no se cumpla el alto el fuego. No importa que el Gobierno Español tenga un comportamiento servil hacia Marruecos, consintiéndole todo, aceptando, por ejemplo, la versión de que los que pegaron a los ciudadanos españoles en El Aaiún eran civiles, cuando hay mil testimonios que muestran a los paramilitares y la Policía trabajando juntos.

No importa que el enviado de las Naciones Unidas intente un diálogo que no tendrá lugar: ya hubo negociación; ya hubo un acuerdo de alto el fuego firmado por ambas partes, con promesa de referéndum de autodeterminación. Marruecos sólo tiene que cumplir su palabra.

No importa que las enormes sumas de dinero que Marruecos recibe de Europa por obra y gracia del Estatuto Avanzado estén condicionadas, entre otros, al respeto de los derechos humanos.

Ahora, todo eso es agua pasada. La situación es completamente nueva y dramática. Muy pronto, cuando se levante el muro, vamos a sufrir un estado de sitio. ¿Cuántos muertos harán falta hasta que se pongan en marcha los mecanismos que paren la masacre que se avecina? Conversaciones, encuentros, promesas. No hay tiempo para paripés.

Pido la difusión de lo que pasa. Cercados y libres. Sólo necesitan la consideración internacional”. (SPS)

Anuncios